miércoles, 26 de agosto de 2009

Una sangrienta y burlesca faena.


El salvajismo humano y la inconsciencia sobre el maltrato animal, han corroído a tal magnitud la mente del individuo que categorizan de “arte y cultura” a un ritual tan repugnante denominado corrida de toros; siendo esto, una de las ceremonias más crueles inventadas y practicadas por el hombre, que lastimosamente, con el pasar de los días está tomando más fuerza alrededor del mundo.


Es de ignorantes pensar que un animal sometido a torturas previas para la fiesta brava, pueda estar en igualdad de condiciones a una bestia que tiene todos sus sentidos bien puestos, y que por el “deporte” que práctica, la única intención que tiene es asesinar a este ser. El toro antes de salir al ruedo, atraviesa una serie de martirios que debilitan su organismo; es encerrado a oscuras las 24 horas previas para que al momento de pisar la arena, la algarabía de los espectadores y la luz lo confundan; recibe varios golpes en sus costillas y testículos; le aplican aceite en los ojos para dificultarle su visibilidad; asegurando así, la victoria a este ridículo personaje.


Resulta simpático e irónico, ver como un grupo de elitistas y modelos a seguir del país; que tiene como miembros a políticos y faranduleros; pagan por su palco en tendido sombra, una cifra exorbitante de dinero; y que para su ingreso, desfilan entre la demás gente como pavos reales, mostrando su nivel económico y su estatus social, para ver una barbarie que sus estudios en Oxford no les ayudaron a distinguir entre matanza animal y cultura; estudios que tampoco les permitieron ver, que el asesino parado con “bravura y temple” frente a la bestia, está encarando simplemente un animal que hace lo posible por sobrevivir y calmar un suplicio que previamente le han propinado.


La sangrienta verdad, es que la fiesta brava es el júbilo de unos con el sufrimiento de otros, y que para países como la madre patria, es deporte nacional; deporte que se enfoca en un criminal disfrazado de torero, con un traje de lentejuelas tan ceñido, que definir su sexualidad resulta complicado. Para el encierro, lo único que hace este bufón es ser un actor que demuestra un carácter recio, frente a una pobre criatura que tan solo busca una salida a su tormento; tormento que pasa por un maltrato previo, para pasar a un abuso y burla pública que será festejado por la fanfarria de la plaza. Durante la corrida, sentencian al toro mediante sangrientos y descarnantes cambios de tercio, ovacionados por los sicópatas espectadores; picadores, banderilleros, la espada del matador, el descabello y la puntilla marcan el fin de un ser que no pudo escapar de su mortífero destino; el cual culmina su ciclo siendo arrastrado por dos caballos alrededor del ruedo.


La tortura no es arte ni cultura, la fiesta brava es una tradición que no puede continuar, ni mucho menos ser calificada de fiesta nacional en ningún país del mundo, como dijo el poeta alemán Jean Paul "¡Oh justo Dios! ¿Cuántas horas de martirio de animales sirven para dar al hombre un único minuto de gusto para su paladar?"




Integrantes: Carlos Felipe Avila Cardona, Estefania Garcia Ospina.


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